martes, 17 de mayo de 2005

Flash a mil por hora

Ha empezado una nueva era. Su agilidad roja y amarilla repasaba la ciudad una y otra vez. La lluvia se hacía horizontal el instante en el que superaba la barrera del sonido. No sólo la alcanzaba, sino que la superaba y en esta leve diferencia de sentido, un nuevo rumbo y horizonte, una nueva música. El silencio es el verdadero escenario del universo y su propio fondo. Los procesos metabólicos de sus células se aceleraban vertiginosamente y sus ojos parecían estar a punto de poder ver el interior de sus propias órbitas. Las manos parecían inmóviles ante la imposibilidad de seguir la velocidad de sus movimientos. Todo ello mientras permanecía sentado sonriendo levemente al ver cómo la oscuridad corría tras de un alguien que ya no es él, sólo su desacelaración precavida. No hay bucles ni espirales, sólo las veredas repletas de frutos construidos a contrasuelazos por los que se camina, lento.

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