miércoles, 1 de diciembre de 2004

la vida es más sabrosa

- "¡A toda vela Gandulfo!", gritó el capitán Anselmo, la estrella de mar, cuya reputación precedía los cascos del Astrolabio Veloz, carabela contruida después de la guerra en el famoso astillero de la Bahía del Son. Anselmo, apostado en el castillo de proa, sonreía con furia al ver la isla en el horizonte, como era el horizonte en el siglo XVI.
Gandulfo se apresuró en vociferar la orden a los marineros, quienes tiraron con todas sus fuerzas de las ásperas cuerdas que sujetaban las telas. "¡Apresúrense guiñapos marinos que el viento de popa no durará lo que su paciencia!", gritaba el lugarteniente.
- "Esta vez, el tiempo no me dentendrá", pensaba Anselmo al mirar su reloj de arena. Había calculado la velocidad en nudos, así como la distancia y posición con su fabuloso astrolabio y su, más sorprendente intuición.
-"Llegaremos al atardecer Gandulfo, abre una barrica de ron para los guiñapos y diles que mañana sentiremos el dulce aroma de esa hermosa orilla que aún nadie ha pisado". Gandulfo siguió sus órdenes y los marinos se contentaron y bailaron alrededor de la esperanza.
- "La tormenta hizo encallar al Astrolabio Veloz, cuyo casco se despedazó como una naranja podrida. No sobrevivió ninguno de los tripulantes. Pero cuenta la leyenda que Anselmo, el bravo capitán mitad estrella de mar y media naranja, lucha aún contra el mal tiempo que no está en la arena sino en el viento", contaba el profesor Gandulfo III a sus alumnos en la clase de la escuela naval, quienes pensaban en un amor en cada puerto.

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