jueves, 2 de diciembre de 2004
la ley
Los casquillos de las balas ruedan entre los pies del comisario Anselmo, la mítica estrella de mar del oeste. El viento silba el tururú posterior al duelo en el que Fito, el terror de las vacas ajenas, cayó sobre el suelo del pueblo que tenía sangre en las entrañas. La rudeza de Anselmo brillaba debajo del sombrero negro que ocultaba su rubia melena. Caminó por la arena, sobre el cadáver de Fito, por el puente, entre los árboles. Al ver que ya nadie lo miraba, se sacó el sombrero, la peluca, dejó el revólver al lado, recordó el duelo, su dedo de estrella apretando el gatillo, y miró cómo el horizonte se tragaba al sol. Anselmo lloró, pero sólo un poquito.
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