jueves, 7 de octubre de 2004
Memorias del olvido
No es lo mismo olvidar atarse los zapatos, que olvidar tu nombre. No es lo mismo recordar escenas de mi vida que no querer recordarte. Él dice que se trata de distancia, de interponer experiencia entre el último momento de encuentro y el siguiente. La memoria parece ser un reservorio, una selección de sucesos y experiencias que se convierten en referentes de un aprendizaje. El olvido parece no existir, ser sólo una ficción que justifica la existencia de hechos pasados y su posible descarte. Podría ser, incluso, una variable más de esa eterna fantasía de la libertad: la posibilidad de sentir que dominamos el pasado y seleccionamos de él sólo lo que queremos. Resignificar es el paso del tiempo en la memoria, la otra orientación del pasado, su transformación en algo menos determinante. Entonces es mejor decir resignificaré, no olvidaré. Y ese no olvidar tiene tanto que ver con la venganza. El perdón se convierte en la más refinada y sofisticada resignificación. Hay quienes somos torpes con la resignificación y con el perdón, hay quienes no tenemos memoria para poder sobrevivir, hay quienes sobrevivimos por los recuerdos, hay quienes sólo resignificamos y caemos y recaemos. Hay quienes como tú sólo parece importarles el clima en el Atlántico.
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1 comentario:
Quizas contemplar el Pacifico no fue suficiente para poder seguir adelante y por eso solo importo el clima del Atlantico.
Para sobrevivir.
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