domingo, 10 de octubre de 2004
la vida breve de Anselmo
¿Alguien podría imaginarse Anselmo, pequeña estrella de mar, que en tus ratos libres solías soñar? Pasabas el rato sentado en una piedra frente al mar, mirando algunas moscas viajar hacia la isla. Todas las olas del mar desaparecían en la orilla y tú, Anselmo, sonreías un poco de lado. Alguna vez habías flotado en las crestas de esos ondulantes y amables personajes que al elevarse te acercaban más al cielo, que era donde querías estar en realidad. Y sentado en la piedra pensabas lo lejos que estabas de brillar y tintinear. Tus hermosos colores generaban un leve asombro, pero tú querías más. Querías sentarte junto a Aldebarán en uno de esos oscuros rincones del cielo y sentirte parte del destino de un hombre o mujer, que al mirarte te encontraría miles de sentidos. Así pasabas las tardes Anselmo, sentado en tu piedrita lejos de ti mismo, frente al mar. Crees que no hay estrellas de mar como tú sin saber que todas las demás viven en el sur donde las moscas regresan de las islas. Anselmo, estrella de mar, tus puntas hieren mientras caminas cabizbajo hacia las olas.
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