Al morderse la piel del dorso de la mano, los dientes nunca se juntaron. Un tren sale a las 8 de la mañana de la estación signada con la letra A, donde las bancas se soportan sólo con oraciones sacrosantas. La locomotora no puede esperar que los rieles lleguen a su destino, y en su prisa arranca lágrimas al viento desnudo.
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