jueves, 15 de julio de 2004

¡Salvemos la tierra!

“Me preocupa la ecología sobre manera”, decía acariciando un poco su nariz marrón. “Verás, no es fácil poner las cosas en su lugar, como la basura a las 8 en la esquina antes de que el camión pase con las miles de cosas que se desprenden del mundo”. Ella lo miraba, como si no hubiera escuchado millones de veces lo mismo, como si algo de mar hubiera entre ambos. “No nos gusta mucho eso de arrimar las cosas debajo de la alfombra", susurraba mientras tomaba la escoba y levantaba la maraña de hilos y manos persas. “Claro, ha sido un poco insoportable respirar el polvo al caminar, pero no entiendo por qué se ha acumulado tanto si cada cierto tiempo hemos limpiado con ahínco”, decía la pequeña al besar los párpados de las paredes. “Era mejor limpiar con desinfectantes, el ahínco no sirve de mucho cuando la tierra es densa e incomprensible, pero ya no importa. Alcánzame el trapo amarillo que está en la cocina” y las sonrisas se apoderan. Regresa, y dos tazas de té con ella. ¿Sabes? Dijo mientras bailaba un poco de tap, “creo que las plantas necesitan un poco de agua, porque aunque nunca mueren, parecen estar un poco secas. Es como si las hojas de los arbustos cayeran sólo para contar el tiempo, y lo cierto es que sólo reparo en ello cuando las vemos caer juntos”. “Tal vez en realidad no caigan las hojas, tal vez sea tu mirada la que cae para reposar entre mis sábanas”, dijo él al acostarse junto a ella. “Yo creo que sí, que caen” miraba fijamente los ojos de él, “y me hace feliz que crezcan nuevas hojas en el tallo”. “Mirarte es crecer de nuevo en el mismo tallo”, él.

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