jueves, 3 de junio de 2004

Green roof against the sea

Debes tener algún tipo de profiláctico en la boca. Bajas cosas y las subes nuevamente. Te enredas en el lente e intentas explicarte a Soren encaramado en el transporte público. Caminas por el piso de pino sin saber que las sangres del árbol penden de tus sienes. Veintiún hombres que se resquebrajan con la merita entre los dedos. Uno de ellos aún mira desde el fondo de la foto, como si presintiera el derrumbe de tus senos. No es que los años o la gravedad, sino el rincón de tu cuarto en el que aún se cuela el aire. Es mi ausencia insignificante la que no permite que tu sangre se disperse. Eres solo su superficie, la torpe banalización del cuerpo enamorado que simula latir en el vientre. Caminas ensimismada en el tamaño de tu sombra sin zapatos, en la temperatura de tus manos en los bolsillos del pantalón.

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