Es como si ese perfume se introdujera por las comisuras agrietadas de mis sienes. Y, claro, uno no le presta atención y sigue caminando, silbando y pisando a las hormigas. Pero cómo evitar olfatear la noche con ese leve presentimiento de que algo huele a ti.
Horas después, años después, camino con los dedos tapando mi nariz. Cada huida impregna tu olor en la espuma de la ola que se retira.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario