jueves, 27 de mayo de 2004

Cosmic dancer

Tenía esas lucecitas que dan vueltas y marean. Olía a la sudorosa decadencia de los que pendíamos del humo del cigarro, la lascivia seductora de ojos perdidos en el suelo. Hay poco espacio. Nos arrastramos disforzadamente sobre nuestros zapatos sucios, la música suena. No se escucha más que la respiración agitada y a lo lejos tu voz que interfiere. Inmóvil. Me he quedado parado frente a la pared de tu edificio. Las flores de la jardinera están muriendo secas; caen pesadamente al pavimento. He tratado de rescatar algunas porque quiero regresar a casa. Hilo azul. Debes haberlo comprado, abierto a Genghis Khan y partido el mundo en dos. Richmond, cerca de la pared con los grafittis y miles de lágrimas sobre las manos grandes en el malecón, sobre la banca, frente al mar, entre la noche, sin historias o silencio. Aparecí enternado con una maleta antigua. Ya poco de lo tuyo combinaba entonces. Eso pensaba mientras sacaba tus fotos sobre la cama y ahora el humo del incienso contorsiona las paredes. Llegué peinado con gomina y las uñas recortadas a extender tus manos por mi rostro afeitado y anciano. Llegué mientras el polvo de tu huída llenaba mis bolsillos y yo lo recogía alegremente para tener lo último de ti en mis poros.

2 comentarios:

xxx dijo...

esta lindo tu blog. muy muy lindo. :)

Anónimo dijo...

sigh2 here

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